Los caballeros prefieren robar floreritos de su tumba

El próximo jueves 2 de agosto rendiremos un homenaje a Marilyn Monroe por el 50 aniversario de su muerte. Para ello se habilitará una sala temática, se expondrá entre otras cosas, por la gentileza de la “Fundación Enrique Herreros” un florero procedente de la tumba de la estrella en el Westwood Village Memorial Park Cemetery de los Ángeles.

Enrique Herrero ( hijo ) ha escrito para ese día el siguiente texto:

Los Caballeros Prefieren Robar Floreritos de su Tumba

Eutiquiano Rodríguez Marchante, se había desplazado desde Madrid para intervenir en la Retrospectiva – Homenaje que la University of Southern California en Los Angeles había organizado en honor a José Luis Garci y a su obra hecha hasta esa fechas.

Desde que Eutiquiano había llegado a L.A., no hacía más que repetirme que no se quería ir de allí sin visitar la tumba de Marilyn Monroe en el cementerio de Westwood. La víspera del little trip, le advertí que para satisfacer su deseo tendríamos que madrugar.

El domingo 14 de abril de 1991, a las siete y media de la mañana, Eutiquiano  y yo, salimos del hoy defenestrado Beverly Crest Hotel para encaminarnos al recinto donde reposan los restos de la diosa.

Ese memorial Cemetery está ubicado entre Wilshire y Westwood Blvds. Se entra por una callejuela que domina un banco, ¿cómo no?… Acto seguido, se llega al amplio patio rectangular que rodea al cementerio; por supuesto que solo estaban a esas horas dos inoportunos barrenderos que barrían del suelo las hojas muertas caídas de los árboles más cercanos; afortunadamente, todavía no habían aparecido los mirones y curiosos que, diariamente, se dejan caer por la famosa necrópolis, donde también descansan Natalie Wood y el buen actor secundario Richard Conte.

Detuve el coche justo delante del nicho donde ha ido a parar aquella deseada hembra y, por descontado, fina y deliciosa actriz.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras Rodríguez Marchante y su reconocida afición al cine se recreaba observando el lugar ,yo, me cercioré con rapidez que los barrenderos se hallaban lejos y distraídos en lo suyo.

Me acerqué al florero de turno que acompaña a M.M., dejé las rosas que tenía sobre el santo suelo, nunca mejor jugar con la similitud, y con toda la rapidez que pude arranqué el florero de la pared y lo escondí entre mi ropa.

Hoy día, veintiún años después de aquella agradable mañana californiana, debo reconocer con satisfacción, que dicho florero sigue presidiendo la entrada de la casa de mi buen Padre en Madrid.

Por cierto, el chirriante humor de Eutiquiano, no se hizo esperar, dirigiéndome una sus cortantes miradas siempre adornadas con su acostumbrada tranquilidad, me soltó: “ Ahora comprendo el madrugón, no querías que apareciera Joe DiMaggio y le diera un patatús al ver como desparecía del florero”.

Me preguntó: ¿Cuántos floreros de arcilla se fabricarán anualmente para que acompañen la tumba de aquella incomparable mujer?.. ¡Qué se yo!…

Pero de lo que estoy seguro es que el fabricante no se muere de hambre.

En Madrid, a 26 de julio de 2012

Por la Fundación Enrique Herreros.

( Enrique, hijo)

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